Jacqueline es la típica mujer que asegura que ella “nunca se enamoró” (por más que estuvo de novia con un chico 2 años). Es la mujer que sale a bailar y se divierte a más no poder. Es de las que cuando vos le preguntas si se pondría de novia, te dice “hay no por dios, toca madera”. Es de esas chicas que si le gusta un chico y él ni la registra, le hace la cruz para siempre. Es de mis amigas la que “se las sabe todas”, y que cuando le contás algo que te sucedió con un chico te dice: “típico”. Es de las que cuando estas indecisa sobre algo te dice: “hace lo que sientas”. Es de las que las acompañas a comprarse a ropa, se mide una remera que parece un camisón, se lo decís y te dice “no importa, a mi me gusta. Preguntale a la vendedora si se puede pagar con tarjeta”. Es de esas amigas que te abren los ojos, que hace que te hagas valer y respetar. Es una excelente persona. No comprende como me puede gustar tanto el arte, leer, ver películas (no le gusta ir al cine y ni hablar de tocar un libro). Es fanática del futbol y muy amiga de sus amigas.
Ella es de esas mujeres que tienen un carisma particular, que entra en confianza enseguida y hasta le cuenta toda su vida a un taxista (mientras yo ruego que lleguemos sanas y salvas a destino). Es de esas que son muy seguras de si mismas, excepto cuando están por rendir, que se ponen histéricas, lloran y agregan algo como “hay, no se para que estudio si no llego” y que cuando sale de rendir te dice “no se como me fue, creo que bien” y cuando le entregan la nota salta de alegría o te dice “me fue mal” y ahí se termina toda conversación.
Jacqueline, cuando se acuerda de cuanto le gusta alguno de sus “machos” anda gritando “hay lo AMOOOOO!” por los pasillos. Tiene risa contagiosa y es muy poco disimulada. Cuando vamos caminando y pasa un “animal” (como se refiere ella a un flaco que esta bue-ni-si-mo) te tantea tanto, tan poco disimulada, que te pensas que te esta mostrando que por la vereda del frente pasa Gabriel Corrado. Tiene gustos completamente diferentes a los míos respecto a los hombres y tengo que admitir que eso no es un problema, todo lo contrario, porque definitivamente, jamás nos vamos a pelear por un hombre. Ella afirma que “le gustan los feos” y que jamás andaría con un lindo “porque te lo miran todas”. Además, admito que tiene razón cuando sostiene que “todos los hombres son iguales” y que “todos cuando pueden te terminan dejando por otra”.
Es fanática de la ropa y tiene por lo menos veinte remeras sin estrenar que se compró y nunca usó. En su ropero está todo ordenado por color y por estación, pero cuando llega la hora de salir te dice que no tiene nada para ponerse. Cuando vamos a hacer compras, para convencerse de que está comprando bien, por más que no esté 100% segura, ella se lo lleva “porque después me puedo arrepentir”, argumenta.
Aunque intenta vender una imagen de que todo le “resbala” y no sufre por nada, por dentro es una persona tanto o más sensible que yo. Se preocupa por los demás, es solidaria, compañera y muy buena consejera. Siempre que pasa algo emocionante es a la primera persona a la que llamo para pedirle opinión.
Sufre como cualquier mujer de la inseguridad que le proporciona su cuerpo, pero no por ello iniciaría una sesión intensiva de gimnasio tres veces a la semana ni mucho menos resignaría un buen almuerzo entre amigas por la causa. Hace promesas del tipo “si me va bien, no como chocolate por un mes”, cuando todas bien sabemos lo mucho que sufre las consecuencias de esas promesas.
Me mira con cara de “vos estas loca” cuando le cuento que no me gusta ni el chocolate ni el dulce de leche y cuando vamos a una heladería se me ríe de los gustos que pido y dice algo así como “hay esos gustos tan comunes…” mirándome con cara de indignada, mientras tarda diez minutos en decidirse que gusto quiere pedir.
Se sabe cuando es el cumpleaños de todo el mundo, hasta de la amiga de la prima de su vecina, y es por eso que cuando le preguntas que hace el sábado a la noche, te dice “tengo un cumple”.
Siempre nos “peleamos” cuando sobran algunos centavos de algo que compartimos gastos. Siempre es una lucha lograr que se los quede ella y hasta ahora tengo que admitir que me gana todas las batallas.
Sus amigas siempre tienen una buena historia para contar y como cualquier mujer, sufren por amor. Más adelante hablaré de ellas.
Mi amistad con Jacqueline surgió el día que tenía que ir por primera vez a la facultad (imagínense mis nervios) a rendir un examen de técnicas de estudio y escritura. Cuando llego al salón, había dos chicos y una chica. Ella era Jacqueline. A penas entro me saluda que un “¡hola!” híper simpático que rompe el hielo y todos mis nervios. Obvio que no hablé mucho ese día. Nos tocó hacer el examen sentadas al lado y fue ella quién me preguntó como me llamaba, de donde era, etc. Tengo que admitir que mi primera impresión no fue muy buena, porque sin saber que ellos se conocían de antes, no me parecía apropiado los temas de los que hablaba con ellos. ¡No para la primera vez que se conocían! Luego, con el tiempo, cuando le pregunté que fue lo que pensó de mi, me dijo: “yo por dentro pensaba… y esta mina ¿no habla nunca?”
Si bien somos muy distintas en algunas cosas, nos llevamos muy bien y tengo que admitir que agradezco que la vida me la haya puesto en el camino. ¿Habrá sido cosa del destino?, no tengo idea. Pero lo que si se, es que la quiero un montón y agradezco mucho su sincera amistad, que me ayuda cuando las cosas no salen bien y que esta siempre ahí para festejar cuando si lo salen.
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