viernes, 15 de abril de 2011

¡Lo mío no es una película, es una serie!

Hoy estábamos quejándonos con mi amiga Lucía de cómo ciertas mujeres solemos hacernos un mundo de algo que es insignificante, y la razón por la cual ellos no perciben ni la octava parte de lo que nosotras sentimos.

Mi amiga Lucía es una de esas personas denominadas frías por algunas, o seca por otras, o… mmm ¿Como decirlo? Es de la típica mina que te dice: “Bueno, ¿no te gustó?. Perfecto. ¡Manejate!”. Yo admiro esa forma que tiene de no hacerse mucho problema por las cosas, o mejor dicho, no demuestra nada de sentimentalismo. Es mi opuesto en otras palabras. Yo soy de las que me paso todo el día hablando con mis amigas de lo que siento. (Qué feo suena admitirlo tan naturalmente).

Lucía está “enamorada” o en lo que en ella sería “ese flaco está bárbaro” de nuestro compañero de facultad Manuel. Él es inteligente (según lo que percibí, es bastante aplicado y tiene linda letra) y es el típico carilindo, pero en este caso, el chico tiene un plus: es simpático. Morocho, ojos verdes, dientes lindos, nariz respingada, lindo cutis, siempre afeitadito y peinado. Como diría mi amiga, este morocho “irradia belleza” y a ella la tiene loca cuando la mira y “la desnuda con la mirada”. Pero lamento decir que él a penas sabe como ella se llama, y estoy seguro que lo último que puede llegar a sospechar es que ella está perdidamente enamorada de él. A penas hablan, de suerte que a veces se saludan por cordialidad y ni hablar de entablar una conversación. A pesar de que Manuel es un chico bastante accesible (he tenido la posibilidad de hablar con el en varias ocasiones), ella le demuestra -20 lo que siente y no la juzgo. Porque, ¿qué es lo que ella puede hacer?

Yo, por mi parte, me defino como una mujer que si quiere algo, busca todos los medios para conseguirlo. Ojo, no soy una loca desquiciada, sino que lucho por lo que quiero y rara vez logro sacarme de la cabeza a alguien que me flasheó. Perdono fácil y soy más bien de olvidarme de los errores de los demás y suelo dar segundas (y terceras) oportunidades. Soy muy perceptiva y receptiva. Hablando de sentimientos relativos al amor, pienso que los hay de dos clases: Uno que se llama comúnmente en la jerga de la juventud “calentura”, es decir: me gusta mucho el flaco, me parece h-e-r-m-o-s-o, pero no lo conozco a fondo. A penas se si tiene hermanos o no y ni hablar de que si se su apellido o no. Con este tipo de chicos una quiere solo un beso o incluso dos y listo. Chau relación. El otro tipo de sentimiento, es eso que una siente cuando te importa mucho lo que le sucede, si está bien. Te importa su felicidad, lo conoces la suficiente, sabes que música escucha, como está compuesta su familia, sabes que materia prefiere, que actividad extracurricular hace, que deportes practica… te gusta físicamente, si, pero más te gusta su personalidad. Como te sentís vos cuando estás con él. (Sí, estuve y estoy enamorada, pero más adelante hablaré de eso).

A lo que quiero ir con todo esto, es que si una mujer siente por un chico algo similar a la opción uno, es raro que no se acerque a hablarle, es más incluso que hasta que intente llegar a entrar en una cierta confianza express con él. En cambio, desde mi punto de vista, si una siente algo más similar a lo que relaté yo como opción dos y que habla de un tipo de enamoramiento sincero y muy sentimental, es raro que la mujer se acerque a hablarle, principalmente porque te importa tanto que no querés perder ni  lo poco que son; amigos.

Y bueno, toda esta deducción surge porque veníamos caminando con Lucía, hablando de “su tema” alias Manuel, y yo le decía que una suele hacerse la cabeza por pequeñas cosas, por ejemplo quién no escuchó alguna vez o pensó algo como: “si me saludó así, algo le debe pasar”, “Me miró, para mí que se dio cuenta de que hablaba de él”, “Me sonríe, ¿tendré manchada la cara?”, “Cuchichea con el amigo, estoy vestida acorde la situación, ¿no?”

Solemos crear un mundo, una película hasta en versión 3D… y Lucía cortó mi razonamiento corrigiéndome diciendo: “No Flor, lo mío no es una película, es una serie de 10 temporadas!”. Si. ¿Quién no tuvo un amor platónico alguna vez?, ese chico perfecto, de ojos claros, simpático, deportista, inteligente. Ese chico que admiras. Pero lo que le corregí a Lucía y que creo que es un error común, es el hecho de que una suele bajarse el autoestima enseguida y dice algo como: “No, un chico así nunca se fijaría en mí” y si una se convence de eso, eso es lo que pasa. Está bien tener un amor imposible como el mío por Leonardo Di Caprio, pero...

¿Por qué no creer que es posible estar con un simple Manuel  “que irradia belleza”? 

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