lunes, 30 de mayo de 2011

Las cosas buenas le pasan a la gente mala

Jacqueline tiene una amiga, que ahora también es amiga mía que se llama Fernanda. Ella es una de las tantas mujeres que sufrieron toda la vida por un hombre y que aún siguen sufriendo (en menor medida, obvio). Ella estuvo toda su vida enamorada de Laureano, un chico de otro pueblo con novia que la tenía con idas y vueltas. Que cuando estaba con la novia, la llamaba diciéndole que no podían volver a estar juntos. Ella lloraba desconsolada y al otro día el la llamaba arrepentido y le decía que estaba con Delfina y que por eso había tenido que decirle eso.

Fer tuvo noches que lo beso apasionadamente, olvidándose del que dirán y sintiendo verdadero amor por Laureano. Pero otras noches tuvo que verlo con otras mujeres porque al flaco no le importaba hacerla sufrir. Es muy difícil verle la cara a Fer cuando lo cuenta. Ella sufrió horrores porque el chico estaba de novio, vivía en otro pueblo… y porque era el mejor de los amantes.

Se las sabía todas, era maduro, tenía algo que la volvía loca. Por ejemplo, llegaba al boliche, se paraba al lado de la barra y le clavaba los ojos, hasta que ella iba prepotente a preguntarle: “Qué necesitas Laureano?”.

Tengo que admitir que esto me resulta más difícil de lo que esperaba. Principalmente, porque a Fer no la conocí en esa época y solo tengo su testimonio, algo, seguramente de todo lo que pasó, que me contó entre copas.

Pero mas allá de lo que ella vivió y sigue viviendo (ya que se sigue cruzando a la novia de él en la facultad y alguna que otra vez se lo cruza a el), es de esas amigas que siempre te va a dar el mejor de los consejos, pero que luego te va a aclarar que no está en condiciones de dar ningún tipo de sugerencia ya que se dio cuenta de que no puede arreglar su vida y menos puede arreglar la de los demás.

Es más, el otro día hablando, me quede helada cuando me dijo que ella siempre pensó que al borrarlo completamente de su vida, iba a ser lo mejor para ella, pero que ahora no ve ningún resultado positivo. Y me admitió que es fuerte, demasiado a veces y que se la re banca, aunque al final siempre termina somatizando por otros lados. Porque Fer es humana y sufre, y aunque ella esté re mil curtida y demuestre que ella está bien, ella no lo está y no lo va a estar hasta que diga: Laureano se murió de mi vida y porque si bien ella lo dice, sigue aplicando el famoso: Un clavo saca a otro clavo. Que a veces sirve, y a veces no ya que solo es necesario el tiempo para curarlo todo.


¿Que hacer cuando la cabeza dice que lo que hacemos está bien y nuestro cuerpo sufre y el corazón se desmorona? ¿Como hacer cuando tenemos ese fuerte dolor en el pecho que no nos deja vivir en paz, esa angustia que nos hace sentir que alguien nos esta apretando y que tiene nombre y apellido? ¿Hay que culpar a la vida de nuestras tristezas o a nosotras mismas de enamorarnos del equivocado? ¿Es bueno creer que en realidad “las cosas buenas solo le pasan a la gente mala” y que “cuando más te querés olvidar de alguien más cosas que te recuerdan a él se te ponen en frente”? ¿Es tan injusta esta vida o es solo una cuestión de cambio de perspectiva?

No se ninguna de estas respuestas. Lo que si se, es que la vida es una y es realmente terrible darse cuenta de que una sufre tanto por alguien que no lo vale y que está desperdiciando lo hermosa que es la vida en sufrimientos, ya que se está privando de abrir los ojos y descubrir a ese alguien que se moriría por estar con nosotras. Todo esto por un simple hombre que no tiene las cosas claras y que no le importa hacernos sufrir.

Lo ultimo que quiero decirle, es que la quiero un montón y que sus mensajes y palabras (tengo que admitir que me tiene que retar bastante seguido), hacen que deje de cometer errores amorosos porque ella sabe mas que ninguna lo que significa hacerse valer y respetar. Cuando menos lo esperas Fer
, sale el sol :)
 

lunes, 2 de mayo de 2011

Mi amiga Jacqueline

Jacqueline es la típica mujer que asegura que ella “nunca se enamoró” (por más que estuvo de novia con un chico 2 años). Es la mujer que sale a bailar y se divierte a más no poder. Es de las que cuando vos le preguntas si se pondría de novia, te dice “hay no por dios, toca madera”. Es de esas chicas que si le gusta un chico y él ni la registra, le hace la cruz para siempre. Es de mis amigas la que “se las sabe todas”, y que cuando le contás algo que te sucedió con un chico te dice: “típico”. Es de las que cuando estas indecisa sobre algo te dice: “hace lo que sientas”. Es de las que las acompañas a comprarse a ropa, se mide una remera que parece un camisón, se lo decís y te dice “no importa, a mi me gusta. Preguntale a la vendedora si se puede pagar con tarjeta”. Es de esas amigas que te abren los ojos, que hace que te hagas valer y respetar. Es una excelente persona. No comprende como me puede gustar tanto el arte, leer, ver películas (no le gusta ir al cine y ni hablar de tocar un libro). Es fanática del futbol y muy amiga de sus amigas.

Ella es de esas mujeres que tienen un carisma particular, que entra en confianza enseguida y hasta le cuenta toda su vida a un taxista (mientras yo ruego que lleguemos sanas y salvas a destino). Es de esas que son muy seguras de si mismas, excepto cuando están por rendir, que se ponen histéricas, lloran y agregan algo como “hay, no se para que estudio si no llego” y que cuando sale de rendir te dice “no se como me fue, creo que bien” y cuando le entregan la nota salta de alegría o te dice “me fue mal” y ahí se termina toda conversación.

Jacqueline, cuando se acuerda de cuanto le gusta alguno de sus “machos” anda gritando “hay lo AMOOOOO!” por los pasillos. Tiene risa contagiosa y es muy poco disimulada. Cuando vamos caminando y pasa un “animal” (como se refiere ella a un flaco que esta bue-ni-si-mo) te tantea tanto, tan poco disimulada, que te pensas que te esta mostrando que por la vereda del frente pasa Gabriel Corrado. Tiene gustos completamente diferentes a los míos respecto a los hombres y tengo que admitir que eso no es un problema, todo lo contrario, porque definitivamente, jamás nos vamos a pelear por un hombre. Ella afirma que “le gustan los feos” y que jamás andaría con un lindo “porque te lo miran todas”. Además, admito que tiene razón cuando sostiene que “todos los hombres son iguales” y que “todos cuando pueden te terminan dejando por otra”.

Es fanática de la ropa y tiene por lo menos veinte remeras sin estrenar que se compró y nunca usó. En su ropero está todo ordenado por color y por estación, pero cuando llega la hora de salir te dice que no tiene nada para ponerse. Cuando vamos a hacer compras, para convencerse de que está comprando bien, por más que no esté 100% segura, ella se lo lleva “porque después me puedo arrepentir”, argumenta.

Aunque intenta vender una imagen de que todo le “resbala” y no sufre por nada, por dentro es una persona tanto o más sensible que yo. Se preocupa por los demás, es solidaria, compañera y muy buena consejera. Siempre que pasa algo emocionante es a la primera persona a la que llamo para pedirle opinión.

Sufre como cualquier mujer de la inseguridad que le proporciona su cuerpo, pero no por ello iniciaría una sesión intensiva de gimnasio tres veces a la semana ni mucho menos resignaría un buen almuerzo entre amigas por la causa. Hace promesas del tipo “si me va bien, no como chocolate por un mes”, cuando todas bien sabemos lo mucho que sufre las consecuencias de esas promesas.

Me mira con cara de “vos estas loca” cuando le cuento que no me gusta ni el chocolate ni el dulce de leche y cuando vamos a una heladería se me ríe de los gustos que pido y dice algo así como “hay esos gustos tan comunes…” mirándome con cara de indignada, mientras tarda diez minutos en decidirse que gusto quiere pedir.

Se sabe cuando es el cumpleaños de todo el mundo, hasta de la amiga de la prima de su vecina, y es por eso que cuando le preguntas que hace el sábado a la noche, te dice “tengo un cumple”.

Siempre nos “peleamos” cuando sobran algunos centavos de algo que compartimos gastos. Siempre es una lucha lograr que se los quede ella y hasta ahora tengo que admitir que me gana todas las batallas.

Sus amigas siempre tienen una buena historia para contar y como cualquier mujer, sufren por amor. Más adelante hablaré de ellas.

Mi amistad con Jacqueline surgió el día que tenía que ir por primera vez a la facultad (imagínense mis nervios) a rendir un examen de técnicas de estudio y escritura. Cuando llego al salón, había dos chicos y una chica. Ella era Jacqueline. A penas entro me saluda que un “¡hola!” híper simpático que rompe el hielo y todos mis nervios. Obvio que no hablé mucho ese día. Nos tocó hacer el examen sentadas al lado y fue ella quién me preguntó como me llamaba, de donde era, etc. Tengo que admitir que mi primera impresión no fue muy buena, porque sin saber que ellos se conocían de antes, no me parecía apropiado los temas de los que hablaba con ellos. ¡No para la primera vez que se conocían!  Luego, con el tiempo, cuando le pregunté que fue lo que pensó de mi, me dijo: “yo por dentro pensaba… y esta mina ¿no habla nunca?”

Si bien somos muy distintas en algunas cosas, nos llevamos muy bien y tengo que admitir que agradezco que la vida me la haya puesto en el camino. ¿Habrá sido cosa del destino?, no tengo idea. Pero lo que si se, es que la quiero un montón y agradezco mucho su sincera amistad, que me ayuda cuando las cosas no salen bien y que esta siempre ahí para festejar cuando si lo salen.